Muchos estudiantes acaban el instituto sin tener claro el camino a seguir. Una decisión que marcará sus vidas, por lo que la orientación es clave.

 

 

Desde bien pequeños escuchamos la pregunta ‘¿Qué quieres ser de mayor?’ Superada la infancia y alcanzada la adolescencia, con los estudios obligatorios terminados, muchos son los jóvenes que se plantan ante un amplio abanico de posibilidades para continuar con sus estudios con grandes dudas y temores sobre cómo tomar la decisión correcta.

Los jóvenes que terminan la ESO o el Bachillerato pueden optar a un grado de Formación Profesional o universitario. La figura del psicopedagogo al cargo del Departamento de Orientación, introducido en los Institutos de Educación Secundaria con la puesta en marcha de la LOGSE, ayuda a los estudiantes a identificar sus intereses y preferencias profesionales. A través de cuestionarios como el Inventario de Intereses y Preferencias Profesionales (IPP) o Explora, ambos elaborados por la editorial Tea, los psicopedagogos trazan el perfil de cada alumno para intentar encajarlos en cada uno de los itinerarios formativos.

Según los estudios realizados por esta editorial, un 28 % de los alumnos sometidos al test Explora tienen una baja congruencia entre los intereses expresados y los inventariados. Un dato que refleja que parte del alumnado “no cuenta con la suficiente madurez para desarrollar su elección vocacional”, explica José Manuel Martínez-Vicente, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Almería y uno de los autores del cuestionario Explora.

En su artículo “La orientación y el asesoramiento vocacional, una necesidad constatada en nuestro sistema educativo” afirma que “dentro del proceso de elección vocacional, el periodo de la adolescencia se considera como el más destacado, puesto que es cuando los intereses vocacionales y profesionales comienzan a hacerse más estables, claros y diferenciados, fruto de la experiencia y del autoconocimiento del joven, quedando atrás las preferencias momentáneas, ocasionales y al margen de la experiencia”.

Pero, ¿qué aspectos necesitan los jóvenes para tomar la decisión adecuada? Según el profesor Martínez, “es importante que el alumno tenga adquirida una visión realista y clara de cuáles son sus intereses, sus motivaciones, sus expectativas futuras, sus capacidades y  el grado de compromiso”. La familia, por su parte, es importante que actúe desde el apoyo.

La tasa de abandono el primer año de los estudiantes universitarios oscila entre el 18 y el 25% según titulaciones y del estudiante que cambia de titulación entre 7 y 9%, según los datos de Tea Ediciones, que indican, entre otras cosas, “la falta de conocimiento de los planes de estudios y de las exigencias a nivel aptitudinal que estos requieren”, señala el orientador.

Por el contrario, las personas que muestran una clara vocación suelen presentar una “personalidad eficiente o adaptativa cuyas principales características están en torno a la autoestima, motivación de logro, resistencia a la frustración, ansiedad adaptativa, perseverancia, autoconcepto vocacional, expectativas de autoeficacia, autoconfianza personal, optimismo y flexibilidad”, explica Martínez-Vicente.

Una vez tomada la decisión que marcará tu futuro, hay que tener igualmente presente que la vida da muchas vueltas y que además el actual mercado laboral es muy dinámico y por eso los psicólogos prevén “que un trabajador podrá ocupar entre cuatro o cinco puestos de trabajo diferentes, como media, antes de consolidar un empleo para el que está cualificado”.

 

Fuente: 20minutos.es

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